Literatura

jueves, 7 de junio de 2012

Cho Seung-hui: la masacre de Virginia Tech



























Cho Seung-hui nació en Seul (Corea del Sur) el 18 de enero de 1984. Su familia vivía en un departamento alquilado, el sótano de un edificio. Cho Seung-hui tuvo un diagnostico de autismo a los ocho años de edad. Lim Bong, el casero de la familia en Corea, declaró a un periódico: "No sabía lo que el padre de Cho hacía para ganarse la vida. Pero ellos tenían una vida pobre. Hasta que emigraron, dijo que habían ido a Estados Unidos porque era difícil vivir aquí y que era mejor vivir en un lugar en el que nadie los conociera".

Era una persona solitaria que apenas hablaba o lo hacía con frases cortas. Carecía de amigos y se pasaba el tiempo solo, aislado. Demostraba muchos signos de violencia y comportamientos riesgosos. En una ocasión prendió fuego a su habitación mientras quemaba objetos en la papelera. Sus profesores y compañeros de clase afirmaron que sus trabajos escritos siempre llevaban un tono violento.

Seung-hui fue objeto de la burla de sus compañeros debido a su timidez y a la extraña manera en que hablaba. Stephanie Roberts, de 22 años, quien estudió con Cho en el colegio secundario Westfield High, dijo que sus amigos siempre se reían de él. “Había algunas personas que eran realmente mezquinas con él, que lo empujaban y se burlaban de él. No hablaba bien el inglés y ellos se burlaban.

Sus compañeros de habitación y otros estudiantes han dicho que insistía en que se le llamase "Question mark" (Signo de Interrogación). Una estudiante dijo que el primer día de una clase de literatura, se hizo circular una lista de estudiantes; en lugar de su nombre y apellido, Cho sólo puso el símbolo “?”. Sus compañeros de habitación también dijeron que una noche, tras tomar unas cervezas, confesó tener "una novia inventada que vivía en el espacio".


























Sus escritos fueron descritos como “perturbadores” por su “violencia macabra”, al grado que prendieron focos rojos en la entonces jefa del Departamento de Inglés, Lucinda Roy, quien llevó el caso a instancias superiores y decidió trabajar con él personalmente un semestre, aconsejándole ayuda psicológica profesional, la cual buscó aparentemente sin éxito. “Era un solitario”, dijo. Curiosamente, Seung-hui consiguió finalmente que una chica accediera a mantener una relación amorosa con él. Se trataba de Emily J. Hilscher, quien se hizo su novia.

El 1 de abril de 2007, Cho Seung-hui comenzó a planificar la que sería la peor masacre estudiantil en la historia de Estados Unidos hasta ese momento. El estudiante compró dos pistolas, una Glock calibre .9 milímetros y una Walther P22 calibre .22, en una tienda local de revólveres. Gustaba de tomarse fotografías con las armas, en posición amenazante. También adquirió ropa militar y la utilizaba en las imágenes. En otras ocasiones, posaba con un martillo, un cuchillo de supervivencia o con las dos pistolas, una en cada mano.

















Los días 2 y 13 de abril de 2007, Seung-hui hizo llamadas anónimas a la universidad, advirtiendo que había bombas que pronto estallarían. En ambas ocasiones, los alumnos fueron desalojados. El 15 de abril, se ofreció una recompensa de $5,000.00 dólares a quien facilitara el arresto del responsable de aquellas alertas. El problemático joven era un admirador de de Eric Harris y Dylan Klebold, los autores de la masacre de Columbine.

La mañana del 16 de abril de 2007, a las 07:15 horas, Seung-hui discutió con su novia por una supuesta infidelidad. Emily estaba harta y deseaba terminar la relación. El chico no accedía. La pelea creció de intensidad, hasta el punto que otro estudiante, Ryan Clark, trató de intervenir para mediar, pues la situación se tornaba violenta. Clark tenía veintidós años, cursaba un doctorado en Psicología, además de ser el delegado de los estudiantes de la residencia. Clark procedía de Martínez (Georgia) y además pertenecía al cuerpo de reserva del Ejército de la Universidad y a la banda de música del centro educativo. Furioso, Seung-hui extrajo su pistola y le disparó a Emily, matándola. Acto seguido, hizo lo mismo con Ryan Clark, quien murió de un disparo en el cuello. Dejó los cadáveres en su habitación y salió del lugar. El crimen ocurrió en los dormitorios de la residencia estudiantil West Ambler Johnston Hall, donde habitaban más de ochocientos alumnos. A las 07:19, una llamada al 911 informó sobre los disparos escuchados.

Se dirigió entonces a la oficina postal. Envió por correo un paquete al noticiero de la televisora NBC, el cual contenía imágenes de él empuñando armas y un video donde decía que iba a vengarse de los ricos. NBC dijo que el sello con la hora en que se recibió el paquete, indicaba que el material fue colocado en el correo en el lapso de dos horas entre el primer tiroteo en el dormitorio del edificio y el segundo ataque en los salones de clases. Redactó mal la dirección a la que iba dirigida, lo que provocó el retraso de su entrega. El remitente era “Ismail Ax”.

El paquete incluía 43 fotografías digitales de él sosteniendo armas y un manifiesto que “se expresa violentamente contra los ricos y advierte que desea vengarse”. La MSNBC indicó que el paquete incluía un CD-ROM con 27 archivos de video en formato QuickTime, en el que Cho leía su manifiesto, con 1,800 palabras y duración de diez minutos.

Seung-Hui regresó luego al Virginia Tech. Se vistió con sus ropas militares, cargó sus dos pistolas y municiones, su cuchillo y salió a desquitarse del mundo. A las 09:05, bloqueó con cadenas, desde adentro, tres entradas públicas al edificio universitario Norris Hall.

Las armas



Luego se metió a uno de los salones de clases del edificio de la carrera de ingeniería, ubicado a unos seiscientos metros del complejo de habitaciones. Sacó sus pistolas y comenzó a disparar contra los alumnos.

Disparó más de 170 balazos en nueve minutos. En un video grabado por un estudiante se escuchan 27 tiros en apenas un minuto. Para escapar del atacante, algunos estudiantes optaron por tirarse desde las ventanas de los edificios.

Una joven llamada Tina Harrison estaba tomando una prueba en Norris Hall cuando comenzaron los tiros. “Escuchamos gritos horribles, gritos de agonía, y después una suerte de risa maníaca en los primeros minutos en los que fueron disparados los tiros”, contó al canal de noticias CNN.

Sesenta y un personas recibieron disparos. Treinta y dos de ellas murieron. Las otras quedaron gravemente heridas. A las 09:26, varios correos electrónicos informaban sobre el tiroteo. Cho Seung-hui se suicidó con un disparo en la cabeza en medio del aula, rodeado por los cadáveres de sus víctimas, en medio de los charcos de sangre de los heridos, los gritos, los llantos, el dolor.







Regina Rohde estudiaba en Columbine cuando sus compañeros Eric Harris y Dylan Klebold perpetraron el ataque que cobró las vidas de estudiantes y maestros. La joven estaba en la cafetería, donde se produjeron gran parte de los disparos, y logró huir del edificio. Asustada y después de recibir tratamiento psiquiátrico, decidió irse a estudiar en Virginia Tech. Poco después de su llegada, el estudiante Cho Seung-Hui perpetró su matanza y a ella le tocó, nuevamente, estar en medio del fuego.



Regina Rohde


Una nota encontrada cerca de los restos del asesino dio más pistas. La nota aludía a una amenaza de bomba a la misma escuela de ingeniería. El texto hablaba de la “degradación” moral, despotricaba contra los “chicos ricos” del campus e incluía una frase lapidaria: “Ustedes me obligaron a hacer esto”.

“Tuvieron millones de oportunidades y maneras de haber evitado lo de hoy, pero decidieron derramar mi sangre. Me acorralaron y me dieron sólo una opción, la decisión fue de ustedes. Ahora ustedes tienen sangre en sus manos, que no se podrán lavar. Ustedes, desgraciados, han vandalizado mi corazón, violado mi alma e incendiado mi conciencia. Pensaron que era la vida de un muchacho patético la que estaban extinguiendo.

“Ustedes no han pensado en el dolor ni siquiera una sola vez en toda su vida. Ustedes han rechazado la miseria de sus vidas porque pueden, sólo porque pueden. Tenían todo lo que querían... sus Mercedes no eran suficiente, sus collares de oro no eran suficiente, sus ahorros no eran suficiente, su vodka y coñac no eran suficiente... Eso no era bastante para realizar sus necesidades hedonistas.


Cho Seung-hui se convirtió de inmediato en un símbolo del asesino en masa que ataca un centro escolar, liberando sus frustraciones y mostrando su obsesión con la parafernalia militarista. La masacre del Virginia Tech sería la peor ocurrida hasta ese momento en Estados Unidos y una de las más conocidas, debido a la presencia de los medios.

viernes, 1 de junio de 2012

Eric Harris y Dylan Klebold, la masacre de Columbine




Columbine es el nombre de una escuela secundaria situada en el Condado de Jefferson, Colorado (localidad cercana a las ciudades de Littleton y Denver). Dylan y Eric estudiaban allí. Eric y Dylan eran alumnos con problemas escolares y poco populares entre sus compañeros. Poco después de hacerse amigos, alrededor de 1993, Dylan y Eric conectaron sus computadoras en red para jugar por Internet.

Eric tocaba al piano piezas de Beethoven y Chopin con gran destreza. Era el cerebro de la dupla; un joven brillante y con una inteligencia filosa, preparado y lleno de información. Dylan también demostró siempre ser un joven muy inteligente; inclusive estuvo en un grupo de alumnos superdotados cuando era niño.

Ambos jóvenes tuvieron problemas con la ley en 1998 por intentar robar herramientas de una camioneta estacionada. Eric Harris también fue forzado a concurrir a clases de "control de ira" (anger management), donde dejó una buena impresión.

Los dos eran frecuentes víctimas de acoso escolar en Columbine. Habían emitido señales de que algo no iba bien en sus páginas web, en trabajos colegiales, en el robo de material informático por el que fueron detenidos y atendidos por psiquiatras.

Poco antes de que el desastre de Columbine ocurriera, Eric y Dylan se tomaron dos fotos con sus compañeros de escuela; en ellas, fingen disparar junto con sus compañeros, una de las chicas juega a estar herida. La imagen resulta aterradora cuando se sabe que muy poco tiempo después, todos ellos estarían muertos.



























Una y otra vez, describieron en sus diarios algunos de los preparativos que llevaban a cabo y filmaron el arsenal que fueron acumulando, los lugares en los que las escondían y las prácticas de tiro a las que habían comenzado a dedicarles las tardes.

Desde los recibos de compra de propano para explosivos hasta el trabajo de Eric sobre el nazismo, pasando por mapas, listas de tareas ("conseguir más municiones, rellenar las bombas, comprar clavos, buscar bolsas grandes") y dibujos, algunos de armas de todas clases, los cuadernos de los dos chicos permiten asomarse a sus vidas y planes. "Infierno en la Tierra; ahhh, mi favorita", escribió Dylan en el Anuario de 1998 de Eric Harris, encima de un dibujo de un soldado sin cabeza que agita una pistola."Tanta gente debe morir".

"Una vez que comience a matar... ténganlo presente... hay probablemente unas cien personas en la escuela que no quiero que mueran. El resto debe morir", señaló Eric Harris en su diario personal en octubre de 1998. "Los odio por excluirme de tantas cosas. Los odio y será mejor que me tengan miedo ¡Odio! Estoy lleno de odio y me encanta. La naturaleza humana de la gente es su muerte"

Dylan tenía problemas de rendimiento escolar, Eric, por su parte, parecía tener una actitud más intelectual con referencias a filósofos alemanes. Al escribir sobre su odio a las autoridades escolares, se comparaba con Calibán, el rebelde de la obra La tempestad de Shakespeare.

Dos meses antes de la matanza, Dylan escribió un cuento para su clase de inglés en el que describe a un hombre que mata a nueve estudiantes con pistolas automáticas. "Vi que de él emanaba el poder, la complacencia... comprendía sus acciones", dice Dylan al final del cuento.

Estudiaron de manera exhaustiva las disposiciones federales y estatales para determinar cómo adquirirían las armas. No se les dificultó hacerlo a través de Internet.

En un ensayo presentado a sus profesores, Eric Harris señala que esas leyes tenían muchos "resquicios" y eso suponía que "los criminales que deseen tener armas tienen buenas posibilidades de conseguirlas". En otro ensayo, Eric manifiesta que "sería tan fácil llevar un arma cargada a la escuela como entrar a ella con una calculadora".




Días antes de los eventos, los jóvenes recibieron sus últimas armas a través de un servicio de paquetería. Otras armas las compraron en tiendas de equipo de caza. También Robin, una chica que siempre estuvo enamorada de Dylan, compró otras; y un amigo de una pizzería los ayudó a conseguir las demás. Las balas las adquirieron en K-Mart, una cadena de supermercados. A los dos les gustaba ver documentales sobre la Alemania Nazi y admiraban a Hitler; por eso eligieron el cumpleaños del Führer para llevar a cabo su plan.

Armas utilizadas
































Una anotación en la agenda de Dylan al parecer bosqueja paso a paso lo que ocurriría el 20 de abril de 1999; “reunión” a las 06:00 horas; a las 10:30"prepararse"; a las 11:12 "alistarse" y a las 11:16, "JAJAJA". "Bombas, usar bombas... fuego de cobertura... retirada... apuntar a la cabeza... suicidio". Mucho del material de Dylan está escrito a mano, con dibujos detallados de pistolas, bocetos de lo que parece ser la cafetería de Columbine y su deseo de conseguir "más de 500 muertos".







"Espero poder matar a más de 250 de ustedes... Será el momento más excitante de mi vida, después de que coloquemos las bombas y entremos disparando en la escuela. Los segundos parecerán horas", decía Dylan en uno de los cinco videos previos al evento, grabado media hora antes.




























La mañana del 20 de abril de 1999, los aviones de la OTAN bombardearon Kosovo indiscriminadamente. El presidente estadounidense William Clinton anunció la noticia de la matanza en Europa con aire triunfalista.





Mientras eso ocurría, Eric y Dylan se vistieron con uniformes militares. Cargaron sus mochilas con cientos de balas y se dirigieron en automóvil hasta el boliche; llevaban como materia optativa esa clase. Jugaron boliche un buen rato. Después se fueron a la escuela. Entraron allí armados con dos escopetas (una de ellas recortada), una carabina Hi-Point 995 semiautomática de calibre 9 mm, una pistola Tec 9 semiautomática de calibre 9 mm, varios dispositivos explosivos caseros y una bomba compuesta por un tanque de propano de nueve kilogramos. Afuera de la escuela, Eric vio a un compañero y le dijo: “Las cosas se van a poner muy feas adentro. Tú me caes bien. Hazme caso y no regreses”.




Muchos alumnos los vieron. Colocaron los explosivos y esperaron a que comenzaran a detonar. Pero no lo hicieron; dos bombas fallaron y una de ellas explotó un rato después de lo programado. La matanza comenzó en la cafetería. Hicieron numerosos disparos, hiriendo o matando a alumnos y maestros. El pánico se generalizó. Dylan, vestido de negro, ejecutó al director en un pasillo de la escuela, vengándose porque el hombre lo castigaba y reprendía. “Nunca he visto un día más justo”, exclamó antes de dispararle por la espalda.




























La policía fue alertada y el campus comenzó a llenarse de patrullas y ambulancias. Mientras tanto, Eric y Dylan se separaron para cazar cada uno por su lado. Eric y Dylan se dirigieron entonces a la biblioteca, donde comenzaron a lanzar ráfagas. Muchos alumnos salieron de allí en estampida; varios murieron. Tras un buen rato de disparar sobre compañeros y catedráticos, ambos se despidieron. Coincidieron en afirmar que lo habían disfrutado; después de darse la mano y un abrazo, cada uno de ellos apuntó su arma a su propia cabeza y disparó. Se suicidaron y sus cadáveres quedaron tendidos en el piso de la biblioteca. Había trece muertos y docenas de heridos. Una de las bombas explotó once horas después de que los adolescentes se suicidaran. Otras fueron desactivadas.



























En televisión, el presidente Bill Clinton volvió a aparecer para condolerse por lo ocurrido en Columbine, apenas unas horas después de celebrar mediáticamente la matanza en Kosovo realizada por la OTAN.


Regina Rohde

Regina Rohde estudiaba en Columbine cuando sus compañeros perpetraron el ataque. La joven estaba en la cafetería, donde se produjeron gran parte de los disparos, y logró huir del edificio. Asustada y después de recibir tratamiento psiquiátrico, decidió irse a estudiar en Virginia Tech. Poco después de su llegada, el estudiante Cho Seung-Hui mató a 32 personas y a ella le tocó, nuevamente, estar en medio del fuego.



Los cadáveres de los asesinos




Los chicos de Columbine popularizaron el concepto de school shotting, referido a los asesinos que perpetran ataques en su comunidad escolar. La película documental de Michael Moore, Masacre en Columbine (Bowling for Columbine), habla sobre este suceso y acerca de la proliferación de armas en Estados

miércoles, 30 de mayo de 2012

John Wayne Gacy El Payaso Asesino



fue un asesino en serie estadounidense que violó y mató a 33 hombres jóvenes entre 1972 y 1978. Veintiséis de sus víctimas fueron enterradas en el semisótano de su propia casa, otras tres en otros lugares de la casa, y otras cuatro fueron lanzadas a un río cercano.



No cabría otra forma de calificar a un ciudadano tan ejemplar como John. Era un eficaz hombre de negocios, dedicado plenamente a hacer crecer su empresa de albañilería y decoración, a cuidar de su casa, a amar a su segunda esposa y a cultivar las relaciones sociales. El tiempo libre siempre lo dedicaba a los demás: organizaba las fiestas vecinales más famosas del barrio, se vestía de payaso y amenizaba las tardes de los niños ingresados en el hospital local. Incluso fue tentado por la política y se presentó como candidato a concejal. Y lo habría llegado a ser si no se hubiera cruzado en su camino el joven Jeffrey Rignall y su tenaz lucha por la supervivencia.



El 22 de mayo de 1978, Rignall decidió salir a tomar unas copas en alguno de los bares del New Town de Chicago despreocupado, acostumbrado a viajar haciendo auto stop y, sobre todo, harto de pasar frío, aceptó la invitación sin sospechar que aquel hombre, en un descuido, le iba a atacar desde el asiento del conductor y a taparle la nariz violentamente con un pañuelo impregnado de cloroformo.

Lo siguiente que Rignall pudo recordar fue la imagen de su nuevo colega desnudo frente a él, exhibiendo una colección de objetos de tortura sexual y describiendo con exactitud cómo funcionaban y cuánto daño podría llegar a producir. Rignall pasó toda la noche aprendiendo sobre sus propias carnes mancilladas una y otra vez la dolorosa teoría que su secuestrador iba explicando. A la mañana siguiente, el joven torturado despertaba bajo una estatua del Lincoln Park de Chicago, completamente vestido, lleno de heridas, con el hígado destrozado para siempre por el cloroformo, traumatizado… pero vivo. Tenía el triste honor de ser una de las pocas víctimas que escaparon a la muerte después de haber pernoctado en el salón de torturas de John Wayne Gacy. En sólo seis años, 33 jóvenes como él vivieron la misma experiencia, pero no pudieron contarlo. A veces, el camino hacia el mal es inescrutable, se esconde y aflora, parece evidente y vuelve a difuminarse. Toda la vida de Gacy resultó una constante sucesión de idas y venidas. Fue torpe en los estudios, se matriculó en cinco universidades y tuvo que abandonarlas todas; sin embargo, terminó su último

De día actuaba como el "Payaso Pogo" para niños enfermos hospitalizados. intento de estudiar Ciencias Empresariales y se licenció con brillantez. Hasta llegó a ser un hábil hombre de negocios. Se enroló en cuantas asociaciones caritativas, cristianas y civiles pudo, pero mantuvo una oscura relación con su primera esposa, llena de altibajos y cambios de temperamento. Tuvo dos hijos a los que amó y respetó, sin que eso nublara un ápice su eficacia para atraer y matar a otros adolescentes. Resulta, incluso, paradójico que un hombre obeso y aquejado de graves problemas en la espalda fuera capaz de atacar, maltratar, matar y enterrar a jóvenes llenos de vigor. Pero lo hizo una y otra vez, hasta en 33 ocasiones.



Se hizo partícipe activo del Partido Demócrata, como voluntario para limpiar las oficinas del partido. Eventualmente se convirtió en vocal de mesa. En este puesto fue capaz de conocer, e incluso ser fotografiado con la entonces futura Primera Dama, Rosalynn Carter. De hecho, Carter autografió la fotografía: "Para John Gacy. Los mejores deseos." Durante la búsqueda en la casa de Gacy, después de ser arrestado, esta foto causó una vergüenza mayor al Servicio Secreto de los Estados Unidos, ya que en ella aparecía John con una chapa en su solapa que mostraba una letra "S", lo que significa que el Servicio Secreto le había otorgado la autorización para acceder a información clasificada.



John Wayne Gacy junto a la Primera Dama Rosalynn Carter


John fue acusado formalmente por un juez de violentar sexualmente a un niño de la ciudad de Waterloo. La propia víctima del supuesto ataque sexual había sido apaleada. El agresor, un joven de 18 años con dudosa reputación, declaró que fue Gacy quien le pagó para escarmentar al niño que le acusaba. El caso estaba claro: Gacy fue sentenciado a 10 años de prisión en la penitenciaría de Iowa. La historia de un asaltador de menores parecía tocar felizmente a su fin…, cuando en realidad, no había hecho más que empezar. Incomprensiblemente, Gacy salió de la cárcel un año y medio después, aireando un indulto concedido en atención a su buen comportamiento y las "evidentes muestras de reforma dadas por el reo". El juez no tuvo duda de que aquel preso de 27 años se había transformado en otro hombre: lo que no supo hasta tres años después es que el nuevo John Wayne Gacy era aún peor. Gacy no sólo se las arregló para engañar al juez, también engañó a los vecinos de Sumerdale Avenue que lo acogieron en su segunda vida; a Lillie Grexa, una mujer divorciada y madre de dos hijos que se enamoró de él y aceptó su propuesta de matrimonio; a los clientes de una brillante empresa de reformas de albañilería que él mismo montó y, lo que es peor, a decenas de jóvenes varones que acudían a casa de Gacy bajo la promesa de un trabajo bien remunerado como albañiles.

La vida social del hombre que los fines de semana se vestía de payaso para entretener a los niños enfermos en varios hospitales subía como la espuma. Dos de sus fiestas más sonadas, una al estilo "vaquero" y otra hawaiana, llegaron a congregar en su casa a más de trescientas personas. Todas regresaron a sus domicilios comentando dos cosas: lo agradable que era aquel ciudadano regordete, bonachón y trabajador y lo mal que olía su jardín. Porque era la comidilla del barrio que un terrible hedor fluía por las calles cercanas a la casa de Gacy y su segunda esposa. Ésta estaba convencida de que bajo las cañerías de su casa había algún nido de ratas muertas. Él aseguraba que el olor se filtraba desde un vertedero cercano y siempre estaba posponiendo una supuesta visita al ayuntamiento para tratar de arreglar el problema. Ningún vecino supo reconocer el tufo de los restos humanos, por eso, ninguno llegó a sospechar el acontecimiento que estaba a punto de sacudir la armoniosa vida de Sumerdale Avenue.

la policía logró una orden de registro de su domicilio en la que se incautó el más completo arsenal de instrumentos de tortura jamás visto en la región. Pocos días hicieron falta para lograr que Gacy confesara y entregara a la policía un detallado plano del jardín de su casa, en el que había marcado los lugares donde yacían 28 los 33 cadáveres. En su declaración final, la vida del payaso asesino pareció sacada de una película de terror. Durante el juicio, Gacy aseguró que existían “cuatro John: el contratista, el payaso, el vecino y el asesino y constantemente respondía con las palabras de uno y de otro”. También declaró haber asesinado por primera vez en enero de 1972, cuando al clavar el cuchillo en el cuerpo de un joven y ver como la sangre brotaba del cuerpo, sintió una sensación de excitación, y esto comenzó a gustarle. También confesó que otras cinco víctimas habían sido arrojadas al río Des Plaines. El individuo más joven tenía solo 9 años y el mayor tenía cerca de 20. Ocho de las víctimas estaban tan descompuestas que nunca fueron identificadas.

Los abogados de Gacy contrataron a un psiquiatra forense para que examinara el cerebro de Gacy después de morir. Los resultados revelaron que no había anormalidades. El especialista afirmó que John no encajaba en ningún perfil psicológico propio de los asesinos en serie y que probablemente la razón de su actuación no se sabrá jamás. Durante el juicio, la Dra. Morrison apareció como testigo psiquiátrico y declaró que Gacy tenía "el maquillaje emocional de un infante".

Durante los 14 años que pasó en prisión, Gacy solía pintar con óleo. Su tema favorito eran los payasos. Dijo que usaba su personaje de payaso como álter ego. Sus pinturas incluyen imágenes de Blancanieves y del asesino en serie 
Jeffrey Dahmer.

La vida y crímenes de John Wayne Gacy sirvieron de inspiración para la obra literaria It de Stephen King.


De acuerdo a los reportes, Gacy no expresó remordimiento. En una de sus últimas charlas con su abogado, le dijo que su muerte no haría regresar a ninguna de las víctimas. Sus últimas palabras antes de morir fueron: "Besadme el culo", dirigidas a un guardia mientras era enviado a la cámara de ejecución.