Literatura

viernes, 5 de abril de 2013

John George Haigh, El Vampiro de Londres



Comúnmente conocido como el "asesino del baño de ácido" por disolver los cadáveres de las víctimas con ácido sulfúrico.

En algunos casos, los sueños son capaces de condicionar un comportamiento hasta alcanzar extremos inimaginables, sobre todo si la persona afectada tiene una mente fría y un corazón débil, como puede ser el caso de un criminal.

John siempre había tenido un sueño que lo venía obsesionando desde muy pequeño, una pesadilla muy extraña: se veía en un campo repleto de crucifijos que lentamente se iban transformando a su paso en árboles sin hojas con largas ramas por las que caían gotas de rocío. Al aproximarse a los árboles, podía ver como las gotas que cubrían las ramas no eran agua… eran sangre. Los árboles comenzaban a retorcerse como si sufrieran un tormentoso daño y la sangre brotaba de los troncos, mientras una silueta borrosa que portaba una copa recogía el líquido rojo. Luego, una vez llena se le acercaba y se la ofrecía ordenándole beberla. 





Desde niño John tenía una pesadilla recurrente: veía un campo repleto de crucifijos que se transformaban en árboles deshojados y cubiertos de rocío. Al aproximarse veía que el rocío era de sangre y entonces los árboles se retorcían atormentados mientras brotaba sangre de sus troncos. Entretanto, una silueta borrosa recogía la sangre en una copa y se le acercaba, ordenándole beberla. John, inmóvil, le oía decir a ese ser que solo matando podría saciar su verdadera sed y librarse de él. Fueron años, hasta que cedió y mató…



La cruel pesadilla le estaba destrozando los nervios y cada vez se sentía menos dueño de sus actos. El quería ser libre, no volver a soñar… y terminó asumiendo que para hacerse libre tenía que hacerla real.

En 1949, Haigh vivía en una confortable pensión londinense, pasando casi desapercibido por los demás locatarios. Su aspecto físico, moreno, corpulento y muy bien parecido, además de una agradable sonrisa, hacía que todas las mujeres se fijaran en él. Les había hecho creer que era el dueño de una fábrica metalúrgica, por lo que además lo respetaban y eso le agradaba.

Olivia Durand-Deacon era una de las elegantes viudas de mucho dinero que se sentían interesadas por él, pero más que por su físico, por la actividad que le habían dicho que ejercía: agente comercial. La señora quería que le sirviese de intermediario para llevar a cabo un negocio de uñas artificiales. Cuando se hacen amigos, le enseña una muestra de unas uñas hechas de papel, preguntándole si creía que podían tener éxito comercial. El hombre promete interceder por ella ante un posible negocio y citarla con otro agente comercial. Cuatro días después la condujo a Crowley con el fin de discutir la fabricación de las uñas artificiales haciéndole creer que la cita tenía lugar allí. Quedaron en el pueblo, en dónde la recogería para ir a la fábrica.

Antes de la cita, compró un tonel de acero diseñado para resistir la corrosión de los ácidos, luego 153 litros de ácido sulfúrico, y lo hizo enviar a un almacén abandonado en Crowley.

En realidad a donde conduciría a Olivia no sería a la fábrica, sino a unos almacenes semiabandonados para el depósito de mercancías. La mujer nunca hubiese imaginado que un hombre tan correcto tenía la extraña especialidad de disolver a sus amistades en ácido sulfúrico.

Haigh respondía con aire sorprendido que no había acudido a la cita, que tras esperarla durante una hora se había ido sin verla. Y como seguía sin aparecer, se ofreció junto a otros pensionistas para ir a la policía a denunciar la desaparición de la viuda.

En los almacenes, los policías encontraron tres bombonas de ácido sulfúrico, además de un delantal, unos guantes de caucho y un revólver que recientemente había disparado una bala. También hallaron otras pruebas macabras, como huellas de sangre en la pared y el delantal, un charco de grasa en un bidón vacío de ácido, y para colmo de sospechas, el recibo de una tintorería por un abrigo de astracán. 





John primero trató de negar el crimen, pero al ver que no pudo dijo con ingenioso cinismo: “La señora Durand no existe. Ustedes no encontrarán jamás ningún resto de ella ya que la disolví en el ácido, ¿cómo podrán probar entonces que he cometido un crimen si no existe cadáver?”

Expertos analistas de Scotland Yard analizaron cuidadosamente los restos de grasa y dos partes casi intactas de una dentadura, que finalmente fueron identificadas por el dentista de la mujer.

Haigh mantenía su disfraz de inocencia respondiendo amablemente a cada interrogatorio, aunque la policía de Scotland Yard sabía que mentía en sus declaraciones y que todas las pistas halladas le apuntaban como el asesino. Pero al darse cuenta que no podía seguir ocultando el crimen por mucho más tiempo, termina haciendo unas siniestras declaraciones:

“Si le confesara la verdad no me creería, es demasiado extraño. Pero se la voy a confesar. La señora Durand no existe. Ustedes no encontrarán jamás ningún resto de ella ya que la disolví en el ácido, ¿cómo podrán probar entonces que he cometido un crimen si no existe cadáver? Le disparé a la cabeza mientras estaba mirando unas hojas de papel para confeccionar sus uñas postizas, después fui por un vaso y le hice un corte con mi navaja en la garganta. Llené el vaso de sangre y me lo bebí hasta saciar mi sed. Luego introduje el cuerpo en el tonel llenándolo después de ácido sulfúrico concentrado Después me fui a tomar una taza de té. Al día siguiente el cuerpo se había disuelto por completo, vacié el tonel y lo dejé en el patio”.

Después de su detención y confesión, la policía sospechó de otros cinco crímenes acaecidos un año antes en similares condiciones. Finalmente también se declaró culpable de esos crímenes, alegando además que a todas las víctimas les había bebido la sangre.

En el juicio, su abogado defensor intentó utilizar la pesadilla del hombre y el acto de vampirismo como recurso, queriéndolo hacer pasar por demente que se veía obligado a matar por una obsesiva ilusión vampírica, pero no dio resultado. Si bien los psiquiatras reconocieron sus rasgos paranoides como síntoma precursor de una aberración mental que le acarreaba una alteración completa de la personalidad, trastornándole el carácter y la conducta, el hombre había explotado económicamente a sus víctimas, bien vendiendo objetos que robaba o adueñándose de bienes u otorgándose falsos poderes.

Para los jueces se trataba de algo más que de una mente enferma que bebía la sangre de sus víctimas; era un personaje frío y calculador que premeditaba sus crímenes y actos, fingiendo una locura que lo convertiría en irresponsable ante la ley.

Finalmente es sentenciado a la pena de muerte, a la que el acusado ni siquiera apela; es ahorcado en la prisión el 6 de agosto de 1949.

"La naturaleza humana es una molestia, me llena de irritación. De vez en cuando alguien debe desaparecer."


miércoles, 3 de abril de 2013

Butterflies feat. John Malkovich



Un corto sórdido y de una poderosa seducción visual y sonora -imaginen a un Lynch aún más posmoderno- protagonizado por el actor John Malkovich.








domingo, 17 de marzo de 2013

Richard Ramirez, "The Night Stalker"


La gran mayoría de los asesinos en serie (por no decir todos) tienen un modus operandi determinado. También tienen un perfíl de las víctimas bastante específico, que varía levemente en el caso de los asesinos desorganizados. El asesino en serie organizado por excelencia, es frío y calculador (como Bundy o Gacy) y sus víctimas suelen tener patrones comunes, como sexo, estatura, raza, etc... por otro lado, el asesino en serie desorganizado, si bien tiene un perfil relativamente definido de sus víctimas, actúa circunstancialmente; lo que puede provocar excepciones. Pero a los asesinos seriales (tanto organizados como desorganizados) lo que más los identifica a la hora de cometer sus crímenes, es el método para matar. Es en este punto, en donde la policía Estadounidense casi colapsa con los asesinatos perpetrados por Ricardo Leyva Muñoz Ramírez (Richard Ramírez) "The Night Stalker". Algunos psicólogos calificaron a Ramirez como un asesino fuera del grupo de los asesinos. se crió en el seno de una humilde familia inmigrantes en Texas y luego viajo a los Angeles. Como la mayoría de los asesinos en serie, Ramirez fue en su adolescencia un chico problemático: a los 9 años ya comenzo a robar y mas tarde a consumir drogas en Texas, su estado natal, El hecho más relevante (y quizá la explicación de su frialdad absoluta ante el sufrimiento ajeno), fue cuando siendo pequeño, vio cómo su primo Mike, veterano de Vietnam, mató de un tiro en la cabeza a su esposa, debido a que ésta le pedía que buscara un empleo. El jurado concluyó que Mike sufría de estrés postraumático y fue encerrado en un psiquiátrico. Años más tarde, Ramírez confesaría que su primo le había enseñado varias polaroid en donde se retrataban mujeres mutiladas, a las cuales supuestamente su primo habría violado y matado en Vietnam.

Los especialistas quedaron perplejos al enterarse de que los 14 (o 20) asesinatos en Los Angeles entre 1984 y 1985 que por aquel entonces los tenían en "jaque" habían sido cometidos por una sola persona.


Una vez en Los Angeles, comienza su carrera como asesino, sin unas pautas concretas lo cual hacía mas dificil su detención: mataba a personas dandole igual sexo, raza, edad o condición. Las armas utilizadas iban desde un bate de beisbol a un puñal, pasando por varios tipos de pistolas.


Su modus operandi también oscilaba, ya que podía asesinar de una manera organizada sin dejar pista o matar sin ningun cuidado creyendose amparado por su dios Satan, bañándose en sangre, dibujando signos satánicos en las paredes , comiendo en casa de sus víctimas, robandoles el dinero que llevaban encima o dejando las armas homicidas en el lugar del crimen, incluso a una de sus víctimas le sacó los ojos con una cuchara (cuando aun esta estaba viva) y, luego de matarla, los envió por correo a la casa de la víctima al día siguiente, mientras los investigadores estaban en la escena del crimen. Los ojos venía en una pequeña caja de cartón y sin ninguna nota.

Su juego preferido era salir de caza, acompañado por un walkman, oyendo AC/DC, encontraba a su víctima y entraba en su casa preparado para violar y matar. Al principio, solo golpeaba y violaba, dejando incluso a la mayoria de sus víctimas con vida, pero después se hace mas sádico como por ejemplo, mataba a los esposos y violaba a las mujeres después las mataba (con excepción de dos casos).



Como muchas de sus víctimas sobrevivían, una mujer le reconocio en Agosto del 85 por la calle, después de numerosos retratos robot enviados por la policía, y un grupo de gente a la voz de "matadlo" le persiguió y capturó mientras intentaba robar un coche, salvandose de ser linchado por una patrulla de policía

En el juicio









Se jactó de sus asesinatos y mostraba un pentagrama satánico que se dibujaba en la palma de la mano, a la prensa... hablaba de Satanás y ofendía verbalmente al juez... saludaba sarcásticamente a los familiares de sus víctimas y les guiñaba el ojo. Empezó a vestir de traje y corbata, anteojos negros, etc. El colmo fue cuando una de las mujeres del jurado le mostraba su entrepiernas, sin ropa interior, en pleno juicio. Se optó por eliminar a todas las mujeres del jurado, y también a las extrañas muchachas vestidas de negro que asistían cada vez que el proceso comenzaba, buscando que Richard les dedicara una sonrisa.


El 4 de Octubre del 89, realiza las siguientes declaraciones: 

"...No necesito oir todos los raciocinios de vuestra sociedad. Ya los he oido antes y los argumentos siempre son los mismos..."

"... No me entendeis. Tal y como suponía, no sois capaces de hacerlo. Yo estoy mas alla de vuestra experiencia. Estoy mas alla del bien y del mal..."

Finalmente es acusado de 14 asesinatos, 5 intentos de asesinato, 9 violaciones (entre las cuales 3 fueron a menores), 2 secuestros (solía secuestrar niños para abandonarlos a cientos de kilometros de su casa solo por el placer de hacerlos sufrir), 4 actos de sodomía, 2 felaciones forzadas, 5 robos y 14 allanamientos de morada. A pesar de estos datos, se estima que actuó en muchas más ocasiones ya que su modus operandi no era facilmente identificable y él nunca colaboró con la policía dando datos de sus crímenes.

Desde el comienzo de su encarcelamiento, Richard Ramírez correspondencia con muchas personas, algunas celebridades, Zeeena LaVey (la nieta del fundador de la Iglesia de Satán, Anton  Szandor  LaVey)  con Eva O , la cantante de gótico  Christian Death .

Prision de San Quintin


El salón, Richard Ramírez recibió numerosas visitas de cientos de jóvenes de buena familia que se convirtieron en devotos admiradores, hasta masturbarse delante de él en el salón. Su carisma y magnetismo hipnótico servido a su causa en muchas ocasiones.








Una de sus frases, mientras era llevado a la cárcel después de ser condenado a muerte, dirigida a los periodistas que buscaban grabarlo y fotografiarlo: "Gran cosa, la muerte siempre estuvo en el territorio... nos vemos en Disneylandia!"


En 1989 es condenado a la camara de gas, y Ramirez no perdio su fe: "... !Legiones de la noche!, !Razas de la noche!, no repitais los errores del Night Stalker y no concedais clemencia alguna... Yo sere vengado. Lucifer esta con nosotros..."



Este tema se convirtió en un himno para Richard Ramirez, le sirvió para desarrollar un sobrenombre que se volvería célebre: "El Merodeador Nocturno" ("Night Stalker").


Para Nightstalker




DOCUMENTAL




jueves, 14 de marzo de 2013

Dead Island (2011)




País: Alemania
Desarrolladora: Techland (Video juego)
Plataformas: Microsoft Windows, Xbox 360, PlayStation 3
Modos de juego: Un jugador, multijugador
Detalles: Primera persona, rol, acción
Temática: Survival horror



Cortometraje promocional de video juego.


Sinopsis: Muestra cómo las vacaciones de una familia son interrumpidas de forma abrupta por un misterioso estallido zombi.


Premios: León de Oro en la 58ª edición del Festival Internacional de Publicidad de Cannes.



lunes, 11 de marzo de 2013

Anatoly Slivko y sus Jóvenes Pioneros


ALERTA: IMÁGENES MUY PERTURBADORAS



El caso del asesino serial Anatoly Slivko, es muy poco conocido; sin embargo, sus actos, figuran dentro de los más crueles de la historia del crimen. Al igual que "Los Maníacos de Dnepropetrovsk", Slivko grabó y fotografió cada uno de sus crímenes, imágenes que hoy forman parte de un macabro video colgado en la Web... quizá tan perturbador y enfermizo como el de los "Los Maníacos"

Anatoly Yemelianovich Slivko nació el 28 de Diciembre de 1938, en Izerbash, URSS. Durante la infancia, no se detectó anormalidad alguna en el comportamiento del pequeño Anatoly. Era afable, relativamente responsable y compartía normalmente con otros niños. Mostraba respeto por sus mayores y no era conflictivo. En su adolescencia, tampoco mostró indicios del monstruo en el que se transformaría más tarde.




Trabajó como encargado en un pozo petrolífero, se casó y tuvo dos hijos. Además era un activo colaborador en el grupo de chicos jóvenes del Chergid "Jóvenes Pioneros" (que vendría siendo algo así como Boy Scouts de EEUU) Hasta ese momento, la vida de Slivko era absolutamente normal.




En 1961, Cuando Slivko era un joven Pioneer un grave accidente de tránsito, en donde un chico perdió la vida de forma espantosa. El adolescente iba vestido con la ropa de los "Jóvenes Pioneros", y Slivko pudo ver cómo el chico ardía en llamas, debido a la bencina derramada por el accidente. Algo que quedó para siempre en su retina, fueron los pies del muchacho... sus zapatos ardiendo. Esta escena lo excitó sexualmente, y durante varias noches soñó con el accidente, el olor a bencina, la sangre y el fuego. Algo había ocurrido en su cabeza después de ser testigo de aquel hecho. Slivko recordaba lo ocurrido y no podía evitar masturbarse. Es así como comienza a interesarse, a su vez, por los chicos a quienes guiaba en "Los Jóvenes Pioneros"




Durante años, Slivko abusó de varios de los chicos de entre 13 y 17 años que estaban bajo su tutela, usando extraños juegos de los cuales hacía partícipes. Primero se ganaba la confianza de estos, contándoles acerca de un "proyecto secreto"  Cabe destacar que Slivko había ganado un par de premios por grabar películas caseras, por lo que este "proyecto secreto", apuntaba a una seudo película en donde utilizaba niños para mostrar torturas Nazis. Como los chicos confiaban en él, se prestaban para saciar las bizarras fantasías de Slivko. 

Anatoly llevaba a sus víctimas al bosque, en donde comenzaba a grabarlos y fotografiarlos. Los hacía actuar frente a su cámara, hablar acerca de sus aficiones, etc. Luego los situaba sobre troncos y con una soga al cuello. Supuestamente les practicaría una "asfixia controlada" para esta suerte de "película-experimento"; pero mientras estos perdían el sentido, abusaba de ellos. Los ataba y colgaba de los árboles en distintas posiciones, con el fin de procurarse placer sexual ante el sometimiento de sus indefensas víctimas.





En el ejército, Anatoly había aprendido técnicas de resucitación; así que estrangulaba a los chicos hasta dejarlos sin sentido, les sacaba fotos en poses sexuales y se masturbaba a su lado, para luego "revivirlos" con su técnica. Los adolescentes no recordaban nada de lo ocurrido y Slivko parecía satisfacer sus impulsos. Sin embargo, en 1964, Slivko no logra resucitar a una de sus víctimas (de 15 años de edad) y se ve en la obligación de descuartizar el cadáver y hacerlo desaparecer... no sin antes prenderle fuego. Lejos de espantarse, Anatoly Slivko encontró algo que le producía más placer. Es entonces, cuando comienzan a desaparecer varios jóvenes del Chergid. Estas desapariciones, se habían ido sucediendo poco a poco, por lo que la policía tardó un tiempo en darse cuenta de los hechos. Slivko tardó 9 años en matar nuevamente; pero los abusos sexuales superaban los 40 en los 21 años que este asesino estuvo activo.

Las desapariciones inquietaron a la población, y para 1985, el caso ya estaba causando controversia. Siete chicos habían desaparecido y no había rastros de su paradero. Una fiscal comenzó a sospechar de Slivko, pues todos los adolescentes desaparecidos pertenecían al grupo de "Jóvenes Pioneros" que habían participado con él. Muchos habían desestimado esta hipótesis, pues Anatoly Slivko parecía intachable... sin embargo las investigaciones comenzaron a dar fruto, y algunos adolescentes comenzaron a contar inquietantes relatos  a los investigadores, acerca de los extraños juegos de sometimiento y asfixia que Slivko practicaba con ellos, hasta dejarlos sin sentido.

Tamara Languyeva, la fiscal que seguía el caso de la última víctima de Anatoly Slivko, Sergei Pavlov (de 13 años), fue la responsable de su detención, en Noviembre de 1985.}

Los relatos de Slivko estremecieron al jurado. En su casa, escondidos, se encontraron los zapatos de las víctimas... estos, mostraban un corte transversal hecho con un serrucho. Esto, lo habría hecho sin quitarle el zapato a los chicos, cuando ya estaban muertos o agonizantes.




Los investigadores encontraron las cintas en donde Slivko grabó cada uno de los abusos y asesinatos... es uno de los documentos más espantosos de la criminología moderna.

En el video, se ve a Slivko grabando a su grupo de "Jóvenes Pioneros" mientras recorren unos bosques cercanos a la ciudad. Los graba mientras, estos adolescentes de entre 13 y 17 años, sonríen con inocencia. Slivko parece estar seleccionando a su siguiente víctima, los enfoca de cerca... sus caras y sus zapatos, lo cual representaba su mayor fetiche.

En otro segmento de la cinta, Anatoly les hace preguntas a varios chicos, mientras estos responden con ingenuidad. Cada momento previo al asesinato, es disfrutado por el asesino, lo que queda evidenciado en la excitación de la voz del criminal, registrada en la película. Slivko disfrutaba que sus víctimas fueran ingenuas... lo estimulaba aun más para cometer sus actos.


Evidencias





En otra escena, sale un chico disfrazado de policía... quizá representando parte de esta "película-experimento" con la cual Slivko engañó a muchos otros adolescentes. De pronto la toma cambia, y el niño está tendido de espaldas sobre una especie de lona o plástico, en medio del bosque. Sus brazos están fuertemente atados por unas sogas que están sujetas de unos árboles cercanos, al igual que su cuello. Sus piernas también están amarradas, pero con el extremo de la soga suelta. En ese instante, aparece Anatoly Slivko en escena. Coge la soga que retiene las piernas del chico, para tirar con fuerzas, hasta quebrarle el cuello. El cuerpo se mueve por impulsos nerviosos, mientras Slivko graba cada detalle. Uno a uno, los espantosos crímenes se van sucediendo en esta perturbadora cinta, la cual deja en evidencia la crueldad y el morbo del asesino. Cada asesinato es peor que el anterior, y el ímpetu del multi homicida se va acrecentando.


Victimas


Ya en el final de la cinta, se puede observar a Slivko pasearse por la escena con los cadáveres en sus brazos, exhibiéndose ante la cámara y mostrando una enorme cantidad de zapatos de sus víctimas. También queda registrado su macabro ritual de cortar los pies y zapatos de las víctimas con un serrucho; o quemar los pies de los cadáveres con los zapatos puestos.




Anatoly Slivko fue acusado de 7 asesinatos y 7 agresiones de tipo sexual (aunque se le acusó de más de 43 ataques). Fue sentenciado a muerte; pero trató, por todos los medios, de que le conmutaran la pena a presidio perpetuo. Se mostró colaborador con las investigaciones e incluso se ofreció para ayudar con información acerca de otro asesino serial que estaba, en esos momentos, asolando Ucrania y que, de hecho, había opacado la notoriedad de su propio caso (Andrei Chikatilo); pero nadie quiso intervenir por Slivko. Fue ejecutado en el patio de la prisión de Novocherkassk, el 16 de Septiembre de 1989.



lunes, 25 de febrero de 2013

Desde las criptas de la memoria, Clark Ashton Smith







Poema de vampiro
s en prosa del escritor norteamericano Clark Ashton Smith, escrito en 1917. Smith elabora aquí una serie de bellos y macabros pensamientos, uno de los cuales compara a los vampiros, y más probablemente al vampirismo, con la voracidad insaciable de las horas


Desde las criptas de la memoria


Eones y eones atrás, en una época cuyos maravillosos mundos han desaparecido, y cuyos poderosos soles ahora son menos que sombra, moraba yo en una estrella cuyo curso, cayendo de los altos cielos sin retorno del pasado, pendía justo al borde del abismo en el cual, según afirmaban los astrónomos, su ciclo inmemorial encontraría un oscuro y desastroso fin.

¡Ah, extraña era esa estrella olvidada en las profundidades, más extraña que ningún sueño que haya asaltado a los soñadores de las esferas del presente, o que ninguna visión que haya flotado sobre los visionarios en su mirada retrospectiva hacia los pasados siderales! Allí, a través de ciclos de una historia cuyos amontonados anales inscriptos en bronce estaban más allá de toda tabulación posible, los muertos habían llegado a sobrepasar infinitamente en número a los vivos. Y construidos en una piedra que era indestructible salvo en la furia de soles, sus ciudades se levantaban junto a las de los vivos como las prodigiosas metrópolis de los Titanes, con muros que ensombrecían a todas las tierras circundantes. Y por encima de todo pendía la negra bóveda fúnebre de los crípticos cielos: una cúpula de sombras infinitas, donde el lúgubre sol, suspendido como una enorme y solitaria lámpara, iluminaba poco y, apartando su fuego del rostro del indisoluble éter, proyectaba sólo tenues y desesperados rayos sobre los vagos y remotos horizontes y amortajaba los ilimitados paisajes de esas tierras visionarias.

Éramos un pueblo sombrío, secreto y afligido, nosotros, los que morábamos bajo ese cielo de eterno ocaso ante el cual se recortaban las siluetas de los encumbrados sepulcros y obeliscos del pasado. En nuestra sangre corría el frío de la noche antigua del tiempo, y nuestro pulso languidecía con una reptante presciencia de la lentitud del Leteo. Sobre nuestros patios y campos, como invisibles e indolentes vampiros surgidos de mausoleos, se elevaban y fluctuaban las negras horas, con alas que destilaban una maléfica debilidad producto del oscuro dolor y la desesperación de muertos siglos. Los mismos cielos se hallaban cargados de opresión, y respirábamos bajo ellos como en un sepulcro, sellado para siempre con toda su estancación de corrupción y lenta decadencia, y con tinieblas impenetrables salvo para los agitados gusanos.

En sombras vivíamos, y amábamos como en sueños, como en los vagos y místicos sueños que se ciernen sobre los últimos límites del insondable reposo. Sentíamos por nuestras mujeres, con su pálida y espectral belleza, el mismo deseo que los muertos acaso sienten por las fantasmagóricas azucenas de los prados del Hades. Pasábamos nuestros días vagando por entre las ruinas de solitarias e inmemoriales ciudades, cuyos palacios de calado cobre, al igual que sus calles abiertas entre largas filas de esculpidos obeliscos dorados, se veían sombríos y mórbidos bajo la luz muerta, o yacían sumergidos para siempre en mares de inmóvil sombra; ciudades cuyos vastos templos de hierro preservaban aún su lobreguez de primordiales misterio y horror, y desde donde las esculturas de dioses siglos atrás olvidados miraban con ojos inalterables el cielo vacío de esperanza, y veían la noche ulterior, el olvido final. Lánguidamente cuidábamos de nuestros jardines, cuyas grises azucenas ocultaban un necromántico perfume que tenía el poder de evocarnos los muertos y espectrales sueños del pasado. O, errando a lo largo de campos de perenne otoño, del color de la ceniza, buscábamos las raras y místicas inmortales, de sombrías hojas y pálidos pétalos, que florecían bajo sauces de exangües follajes similares a velos; o llorábamos bajo un dulce rocío de nepente, junto al fluyente silencio de aguas aquerónticas.

Y uno tras otro fuimos muriendo, y nos perdimos en el polvo del tiempo acumulado. Y sólo veíamos a los años como una lenta sucesión de sombras, y a la muerte como el ceder del ocaso ante la noche.





martes, 19 de febrero de 2013

EL NARCOSATANICO DE MATAMOROS


Adolfo de Jesús Constanzo “El padrino de Matamoros” Líder de "LOS NARCOSATÁNICOS" y Sara Villarreal Aldrete: Desde el rancho Santa Elena, en la ciudad fronteriza de Matamoros, México, Adolfo de Jesús Constanzo y su banda transportaban semanalmente una tonelada de marihuana al país vecino… pero el lugar no era sólo un centro de distribución de drogas. En 1989 fueron acusados de asesinar a más de una docena de personas durante unos rituales de Palo Mayombe, un culto afroamericano numerosos policías habrían estado implicados en la secta.


Adolfo de Jesús Constanzo


Los rituales de purificación o limpias (ceremonias para limpiar malas energías negativas) y de protección, le proporcionan de ocho mil a cuarenta mil dólares entre sus clientes, la mayoría, importantes personalidades americanas.

Ávido por obtener más poder comienza a efectuar sacrificios en sus rituales, para dar mayor sensacionalismo y espectáculo, siempre ayudado por la joven divorciada que se convertiría en su musa y amante, la estudiante norteamericana de veinticuatro años Sara Villarreal Aldrete.

Adolfo convence a los demás adeptos que serán completamente invulnerables a las balas y que tendrán el poder de hacerse invisibles si siguen al pie de la letra sus instrucciones: confeccionar una ganga o caldero mágico con unos ingredientes especiales, además de secretos, en los ritos de Palo Mayombe, como son la sangre y algunos miembros humanos mutilados, preferentemente cerebros de criminales o locos, a ser posible de hombres de raza blanca, pues supuestamente éstos son más influenciables por el verdugo (para el asesino la tortura a la víctima es un factor muy importante, pues el alma de la víctima debe aprender a temer a su verdugo por toda la eternidad con el fin de hallarse para siempre sujeta a él).


El rito termina cuando los participantes beben la sopa del caldero formada con la sangre de la víctima, su cerebro y los demás elementos que completan la siniestra nganga… lo cual les dará todo el poder que los criminales deseen





Constanzo intenta negociar con las autoridades mexicanas amenazando con revelar todos los nombres de los personajes conocidos que participan en su culto, pero esto pesa poco comparado con la atrocidad de sus crímenes y la policía se muestra intransigente. Dichas negociaciones se mantuvieron en secreto durante mucho tiempo, por lo que más tarde saldría a la luz pública: que numerosos policías habrían estado implicados en la secta.
Sintiendo que el fin de sus crímenes estaba cerca, Adolfo y sus cómplices se refugian en una mansión de las más lujosas del Obispado de Monterrey, protegida con un circuito cerrado con seis cámaras que vigilaban el jardín y accesos a la vivienda.

Mientras éstos eran perseguidos, las detenciones en distintas ciudades con narcosatánicos se multiplicaban. Finalmente, el 6 de mayo son descubiertos en el Distrito Federal por algunos agentes de la policía judicial que se hallaban registrando la zona y, sintiéndose acorralados, los cómplices del Padrino comienzan a dispararles desde la ventana de un edificio ubicado en la calle Río Sena de la Ciudad de México.

Al momento se presentan varias patrullas de refuerzo que pueden acercarse y llegar hasta el cuarto piso, desde donde disparaban. Dentro se encontraban Constanzo y los demás, quienes habían hecho un pacto de suicidio mutuo si no lograban deshacerse de los policías.

Al ver Constanzo la gran cantidad de agentes que les rodeaban y ganaban terreno a cada paso, desesperado, ordena a su compañero Valdez que le dispare con una ametralladora que le tiende, y Quintana, fiel a su líder decide suicidarse con él. Ambos se meten en un armario ordenando disparar a Valdez. Instantes después son detenidos sólo tres supervivientes, contabilizándose unos quince seguidores fieles de estos sangrientos cultos.

Cobertizo de Constanzo utilizado para la magia negra


Tumbas

Nganga: caldero que contenía huesos, un caparazón
de tortuga, la cabeza y las garras de un gallo,
una cabeza de cabra y una herradura.
 



Según las aterradoras declaraciones de Sara a la policía, desde que conoció a Constanzo mantuvo una doble vida comportándose como una chica normal con sus amigos y familia, y como una fría asesina por otro.


Ella misma llegó a torturar a algunas víctimas, entre ellas Gilbert Sosa, un traficante de drogas. Delante de los demás miembros del culto ordenó que se le colgase del cuello, con las manos libres para que pudiese sobrevivir agarrándose a la cuerda. Luego lo sumergió en un barril de agua hirviendo, mientras le arrancaba los pezones con unas tijeras.

Constanzo y Quintana, ambos se suicidaron antes de ser detenidos.
Confesaría además otros crímenes brutales, como en el que uno de los miembros de la secta mantiene a la víctima con vida después de haberle cortado el pene, las piernas y los dedos de las manos. Le abre el pecho de un machetazo y le agarra el corazón sin desprenderlo, lo muerde a dentelladas mientras el moribundo lo mira agonizante.

Más tarde negaría su participación en los desquiciados rituales, asegurando que el Padrino la retuvo contra su voluntad al haberse descubierto la matanza de Matamoros.

En la actualidad Sara Aldrete Villarreal purga una pena de cincuenta años por homicidio, sin siquiera sabe que su historia ha inspirado la “Perdita Durango” de Alex de la Iglesia, película estrenada en septiembre de 1997.

DEDICADO A LOS NARCOSATANICOS: 



PELICULAS